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Lectura Fragmentos

  1. #1

    Fragmentos

    Abro este tema para poner fragmentos de libros que nos gusten. Así de simple, yo voy a poner algunos, si os animáis...

  2. #2
    En los grandes hombres, las cualidades suelen guardar proporción. Si, entre esos colosos, existe alguno que tiene más talento que gracia, su gracia es aún mayor que la de aquel de quien se dice únicamente: «Es un hombre muy gracioso». Todo genio supone, necesariamente, un don de segunda vista, una vista moral. Esta vista puede aplicarse á alguna especialidad; pero el que ve la flor puede ver el sol.

    La misa del ateo, Honoré de Balzac.
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  3. #3
    Bon ball tenim Avatar de Matteo Darmian
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    07 abr, 13
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    Ad uterum
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    Hoy ha muerto mamá. O quizá fue ayer. No lo sé.
    Trahit sua quemque voluptas

  4. #4
    Admiro el terror que son capaces de inspirar los negros en los corazones de algunos miembros del proletariado blanco y sólo desearía (ésta es una confesión muy personal) poseer la misma capacidad de aterrar. El que es negro aterra simplemente por serlo; yo, sin embargo, tengo que esforzarme un poco para lograr el mismo fin. Quizá debería haber sido negro. Sospecho que habría sido un negro muy grande y muy aterrador, un negro que apretase continuamente su muslo monumental contra los muslos marchitos de las viejecitas blancas en los transportes públicos y provocase más de un grito de pánico. Además, si fuera negro, mi madre no me presionaría para que encontrara un trabajo bueno, pues no habría ningún trabajo bueno a mi disposición. Y además mi madre, una vieja negra agotada, estaría demasiado abatida por años de duro trabajo como doméstica para salir a jugar a los bolos de noche. Ella y yo viviríamos muy agradablemente en alguna choza mohosa de los suburbios, en un estado de paz sin ambiciones, comprendiendo satisfechos que no se nos quería, y que luchar y esforzarse no tenía sentido.

    La conjura de los necios, John Kennedy Toole.

  5. #5
    A pesar de la barba, el primitivo hombre de las cavernas tenía una mentalidad infantil y, si diferenciaba un sexo de otro, era más por el instinto que por la razón. Distinguía a un hombre de una mujer, pero no sabía por qué. Esta natural ignorancia proporcionó muchos disgustos al "Homo Cavus", hasta que uno de su género, más astuto que sus contemporáneos, realizó un descubrimiento. Observando todo un día desde la entrada de su cueva y viendo pasar gente arriba y abajo, se sintió súbitamente iluminado. Las personas que llevaban faldas eran mujeres y las que llevaban pantalones eran hombres, con excepción de los escoceses. A partir de aquel momento, la vida se simplificó notablemente. El hombre de la caverna dejó de andar sobre sus cuatro extremidades, porque el genio antes mencionado descubrió también que andando sólo con los pies, se necesitaba un par de zapatos en lugar de dos. Así, aquel portento de su era inventó también la economía, ciencia lógica y necesaria en aquellos lejanos tiempos, lo mismo que hoy en día.

    Memorias de un amante sarnoso, Groucho Marx.
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  6. #6
    Vida tan feliz, la de quienes no piensan en nada. La ignorancia proporciona la vida más feliz.

    Elogio de la estupidez, Erasmo de Rotterdam.

  7. #7
    —Durante los dos últimos meses, aproximadamente, he estado leyendo a Spinoza. Me parece que aún no entiendo gran cosa de lo que dice, pero me causa un gozo extraordinario. Es como aterrizar en un aeroplano sobre la meseta de una altísima montaña. Encuentras allí soledad, y un aire de tal pureza diáfana que se te sube a la cabeza como el vino, y que te hace sentirte fuerte como nunca.

    El filo de la navaja, William Somerset Maugham.
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  8. #8
    Soy peluquero. Es cosa que le sucede a cualquiera. Hasta me atrevo a decir que soy buen peluquero. Cada uno tiene sus manías. A mí me molestan los granos. Sucedió así: me puse a afeitar tranquilamente, enjaboné con destreza, afilé mi navaja en el asentador, la suavicé en la palma de mi mano. ¡Yo soy un buen barbero! ¡Nunca he desollado a nadie! Además aquel hombre no tenía la barba muy cerrada. Pero tenía granos. Reconozco que aquellos barritos no tenían nada de particular. Pero a mí me molestan, me ponen nervioso, me revuelven la sangre. Me llevé el primero por delante, sin mayor daño; el segundo sangró por la base. No sé qué me sucedió entonces, pero creo que fue cosa natural, agrandé la herida y luego, sin poderlo remediar, de un tajo, le cercené la cabeza.

    Crímenes ejemplares, Max Aub.
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  9. #9
    Herr Paritg von Pacotilla Avatar de Robert H. Goddard
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    21 abr, 14
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    Tycho Magnetic Anomaly 1
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    Mis dies. Lástima que siempre se me olvida tomar nota de la referencia y luego no encuentro la cita.
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  10. #10
    Cuando se poda un árbol brotan en su tronco y en sus ramas nuevos retoños. Así ocurre también con un alma enferma en su floración y maleada en su germen que retoña nuevamente y vuelve a la época primaveral del principio, a la niñez irresponsable e inocente, como si pudiera descubrir en ella nuevas esperanzas y anudar el hilo roto de la vida. Los retoños del tronco y de las ramas crecen también con fuerza y rapidez, pero siempre siguen siendo retoños sin llegar jamás a árbol.

    Bajo la rueda, Hermann Hesse.
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  11. #11
    Treinta años más tarde, se veía obligado una vez más a llegar a la misma conclusión: no cabía duda de que las mujeres eran mejores que los hombres. Eran más dulces, más amables, más cariñosas, más compasivas; menos inclinadas a la violencia, al egoísmo, a la autoafirmación, a la crueldad. Además eran más razonables, más inteligentes y más trabajadoras. En el fondo, se preguntaba Michel observando los movimientos del sol sobre las cortinas, ¿para qué servían los hombres? Puede que en épocas anteriores, cuando había muchos osos, la virilidad desempeñara un papel específico e insustituible; pero hacía siglos que los hombres, evidentemente, ya no servían para casi nada. A veces mataban el aburrimiento jugando partidos de tenis, cosa que era un mal menor; pero a veces les parecía útil hacer avanzar la historia, es decir, provocar revoluciones y guerras, esencialmente. Además del absurdo sufrimiento que causaban, las revoluciones y las guerras destruían lo mejor del pasado, obligando siempre a hacer tabla rasa para volver a edificar. Si no se inscribía en el curso regular de un avance progresivo, la evolución humana cobraba un cariz caótico, desestructurado, irregular y violento. Los hombres, con su amor por el riesgo y el juego, su grotesca vanidad, su irresponsabilidad, su violencia innata, eran directamente responsables de todo eso. Desde todos los puntos de vista, un mundo compuesto sólo de mujeres sería infinitamente superior; evolucionaría más despacio pero con regularidad, sin retrocesos ni nefastas reincriminaciones, hacia un estado de felicidad común.

    Las partículas elementales, Michel Houellebecq.
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  12. #12
    Cita Iniciado por Robert H. Goddard Ver mensaje
    Mis dies. Lástima que siempre se me olvida tomar nota de la referencia y luego no encuentro la cita.
    Estoy poniendo algunos que tengo guardados en el kindle, cuando leo en papel no suelo anotar nada, como mucho marcar la página.
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  13. #13
    Dicen que hubo un señor que descubrió en la antigüedad el arte de hacer fuego. Lleno de alegría quiso comunicar su arte a las demás tribus. Se fue a una tribu del norte, donde hacía mucho frío, y les enseñó el invento. Lo aprendieron en seguida y estaban tan contentos que fueron a darle las gracias al maestro. Pero éste ya se había ido, porque era un gran hombre al que sólo le importaba el bien del prójimo. Entonces fue a otro lugar a enseñar el arte de hacer fuego; pero en esta tribu, primero lo recibieron los sacerdotes, que se quedaron perplejos: ¿de dónde venía la magia con la cual hacía este hombre el fuego? Al ver el éxito que el fuego tenía en la tribu, los sacerdotes tuvieron celos y asesinaron al maestro, pero -para que el pueblo no los culpase- hicieron una gran escultura de él y lo subieron a un pedestal, junto con el invento de hacer fuego, para que toda la tribu lo venerase. Y en aquel pueblo ya nunca hubo fuego, sino veneración y alabanzas. Es necesario comprender que la verdadera oración es el fuego, y no la veneración ni la adoración de una imagen.

    Autoliberación interior, Anthony de Mello.

  14. #14
    No obstante, a juicio de él, ella carecía de todo lo necesario para cautivar y dominar. «¡No era tan hermosa que digamos, ni mucho menos! ¡Como que más bien era fea!» Cuando Veltchaninov la conoció tenía ya veintiocho años. La cara no era bonita; a veces tomaba una expresión agradable, pero los ojos eran francamente feos, de una mirada seca y dura. Además, era flaquísima. Su instrucción, muy mediana; espíritu bastante despierto y penetrante, pero estrecho. Sus modales, los propios de una provinciana de mundo. Eso sí, preciso es reconocerlo, un tacto exquisito y un gusto excelente. Sobre todo, se vestía a las mil maravillas. Era de carácter decidido y dominador; imposible entenderse con ella a medias: «todo o nada». Tenía en las cuestiones difíciles una firmeza y energía sorprendentes. De alma generosa y, al mismo tiempo, de una injusticia sin límites. No era posible discutir con ella; para ella, dos y dos no siempre eran cuatro. En modo alguno habría consentido nunca en reconocer sus errores. Las innumerables infidelidades que hacía a su marido no le pesaron jamás sobre la conciencia. Era absolutamente fiel a su amante, pero con tal de que no la molestase. Le gustaba hacerlos rabiar, pero también le gustaba premiarlos. Era apasionada, cruel y sensible. Detestaba el vicio en los demás, juzgándolo con una implacable severidad, y ella era viciosa y depravada. Habría sido completamente imposible hacerla darse cuenta de su propia depravación. «La ignora con toda sinceridad —pensaba ya Veltchaninov en T…—. Es una de esas mujeres nacidas para el adulterio. No hay cuidado de que estas mujeres caigan mientras son solteras; aguardan para ello a estar casadas. ¿Qué se le va a hacer? Está en su naturaleza. El marido es el primer amante; pero nunca antes de la boda. ¡Y que no se dan maña para casarse! Claro que el marido es siempre el responsable del primer amante. Y así sucesivamente, con la misma buena fe, siguen, hasta el final, tan persuadidas de que son absolutamente honradas, completamente inocentes».

    El eterno marido, Dostoievski.
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  15. #15
    La experiencia literaria cura la herida de la individualidad, sin socavar sus privilegios. Hay emociones colectivas que también curan esa herida, pero destruyen los privilegios. En ellas nuestra identidad personal se funde con la de los demás y retrocedemos hasta el nivel de la sub-individualidad. En cambio, cuando leo gran literatura me convierto en mil personas diferentes sin dejar de ser yo mismo. Como el cielo nocturno en el poema griego veo con una miríada de ojos, pero sigo siendo yo el que ve. Aquí, como en el acto religioso, en el amor, en la acción moral y en el conocimiento, me trasciendo a mí mismo y en ninguna otra actividad logro ser más yo.

    La experiencia de leer, C.S. Lewis.
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  16. #16
    Un caballero de costumbres noctámbulas se siente cansado cierto día y decide no salir de casa e irse temprano a dormir, con la consiguiente alegría de su mujer, tan abandonada como abnegada. Muy entrada la noche, la esposa, que comparte en aquel instante su misma habitación, se despierta sobresaltada al escuchar un ruido en la escalera. —¡Mi marido! —exclama. El marido, al oírla, se arrojó por el balcón.

    Teoría de la expresión poética, Carlos Bousoño.

  17. #17
    A Octavio Paz.
    Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

    El grafógrafo, Salvador Elizondo.
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  18. #18
    Un escritor escribe un libro acerca de un escritor que escribe dos libros, acerca de dos escritores, uno de los cuales escribe porque ama la verdad y otro porque le es indiferente. Acerca de ambos escritores se escriben en conjunto, veintidós libros, en los cuales se habla de veintidós escritores, algunos de los cuales mienten pero no saben mentir, otros mienten a sabiendas, otros buscan la verdad sabiendo que no podrán encontrarla, otros creen haberla encontrado, otros creían haberla encontrado, pero comienzan a dudar de ello. Los veintidós escritores producen, en conjunto, trescientos cuarenta y cuatro libros, en los cuales se habla de quinientos nueve escritores, ya que en más de un libro un escritor se casa con una escritora, y tienen entre tres y seis hijos, todos ellos escritores, menos uno que trabaja en un banco y lo matan en un atraco y luego se descubre que estaba escribiendo en casa una bellísima novela acerca de un escritor que va al banco y lo matan en un atraco; el atracador, en realidad, es hijo del escritor protagonista de otra novela, y ha cambiado de novela por la simple razón de que le resultaba intolerable seguir viviendo junto a su padre, autor de novelas sobre la decadencia de la burguesía, y en especial de una saga familiar, en la que aparece también un joven descendiente de un novelista autor de una saga sobre la decadencia de la burguesía, el cual huye de su casa y se hace atracador, y en un atraco a un banco mata a un empleado de banca, que en realidad era un escritor, y no sólo esto, sino también un hermano suyo que se había equivocado de novela, mediante recomendaciones intentaba conseguir cambiar la novela. Los quinientos nueve escritores escriben ocho mil dos novelas, en las cuales aparecen doce mil escritores, en números redondos, los cuales escriben ochenta y seis mil volúmenes en los cuales aparece un único escritor, un balbuciente y deprimido maniático, que escribe un único libro en torno a un escritor que escribe un libro sobre un escritor, pero decide no terminarlo y le da una cita, y le mata, determinando una reacción por la que mueren los doce mil, los quinientos nueve, los veintidós, los dos, y el único autor inicial, que de este modo ha alcanzado el objetivo de descubrir, gracias a sus intermediarios, al único escritor necesario, cuyo final es el final de todos los escritores, incluido él mismo, el escritor autor de todos los escritores.

    Centuria: Cien breves novelas-rio, Giorgio Manganelli.
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  19. #19
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    Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino, cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados, y tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocía la falta y, por reservar su vino a salvo, nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido. Mas no había piedra imán que así atrajese a sí como yo con una paja larga de centeno que para aquel menester tenía hecha, la cual, metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino, lo dejaba a buenas noches. Mas, como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito y asentaba su jarro entre las piernas y tapábale con la mano, y así bebía seguro.

    Yo, que estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sutil, y delicadamente, con una delgada tortilla de cera, taparlo. Y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor de ella, luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía, que maldita la gota que se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada. Espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.

    -No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano.

    Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido.

    Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía; estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que ahora tenía tiempo de tomar de mí venganza, y con todas sus fuerzas alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, lo dejó caer sobre mi boca ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada de esto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.

    Fue tal el golpecillo que me desatinó y sacó el sentido, y el jarrazo tan grande, que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy me quedé.

    Desde aquella hora quise mal al mal ciego y, aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel castigo. Lavóme con vino las roturas que con los pedazos del jarro me había hecho, y, sonriéndose decía:

    -¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud



    Enviado desde Cadia Prime utilizando un coro astropático.
    La esperanza es el primer paso hacia la decepción.

  20. #20
    No es tu sexo lo que en tu sexo busco
    sino ensuciar tu alma:
    desflorar
    con todo el barro de la vida
    lo que aún no ha vivido.

    Diario de un seductor, Leopoldo María Panero

  21. #21
    IV


    No digáis que, agotado su tesoro,
    de asuntos falta, enmudeció la lira;
    podrá no haber poetas; pero siempre
    habrá poesía.

    Mientras las ondas de la luz al beso
    palpiten encendidas;
    mientras el sol las desgarradas nubes
    de fuego y oro vista;
    mientras el aire en su regazo lleve
    perfumes y armonías;
    mientras haya en el mundo primavera,
    ¡habrá poesía!

    Mientras la ciencia a descubrir no alcance
    las fuentes de la vida,
    y en el mar o en el cielo haya un abismo
    que al cálculo resista;
    mientras la humanidad siempre avanzando
    no sepa a do camina;
    mientras haya un misterio para el hombre,
    ¡habrá poesía!

    Mientras sintamos que se alegra el alma,
    sin que los labios rían;
    mientras se llore sin que el llanto acuda
    a nublar la pupila;
    mientras el corazón y la cabeza
    batallando prosigan;
    mientras haya esperanzas y recuerdos,
    ¡habrá poesía!

    Mientras haya unos ojos que reflejen
    los ojos que los miran;
    mientras responda el labio suspirando
    al labio que suspira;
    mientras sentirse puedan en un beso
    dos almas confundidas;
    mientras exista una mujer hermosa,
    ¡habrá poesía!

    Rimas y Leyendas, Gustavo Adolfo Bécquer.
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  22. #22
    ¡Estudia lo elemental! Para aquellos
    cuya hora ha llegado
    no es nunca demasiado tarde.
    ¡Estudia el "abc" !No basta, pero
    Estúdialo. ¡No te canses!
    ¡Empieza! ¡Tú tienes que saberlo todo!
    Estás llamado a ser un dirigente.

    ¡Estudia, hombre en el asilo!
    ¡Estudia, hombre en la cárcel!
    ¡Estudia, mujer en la cocina!
    ¡Estudia, sexagenario!
    Estás llamado a ser un dirigente.

    ¡Asiste a la escuela, desamparado!
    ¡Persigue el saber, muerto de frío!
    ¡Empuña el libro, hambriento! ¡Es un arma!
    Estás llamado a ser un dirigente.

    ¡No temas preguntar, compañero!
    ¡No te dejes convencer!
    ¡Compruébalo tú mismo!
    Lo que no sabes por ti,
    no lo sabes.
    Repasa la cuenta,
    tú tienes que pagarla.
    Apunta con tu dedo a cada cosa
    y pregunta: "Y esto, ¿de qué?"
    Estás llamado a ser un dirigente.

    Loa al estudio, Bertolt Brecht.

  23. #23
    Las gentes satisfechas de sí mismas, ¡con qué orgullosa satisfacción están dispuestas a censurar la conducta ajena! Si ellos supieran hasta qué punto me doy cuenta de mi ignominiosa situación actual no tendrían seguramente valor para culparme. ¿Pero qué pueden decirme de nuevo que yo no sepa? El hecho es que todo puede cambiar con una sola vuelta de la rueda, y entonces esos mismos moralistas serán los primeros —estoy seguro de ello— en felicitarme con amistosas bromas. Y no me volverán la espalda como ahora. ¡Que se vayan todos al diablo! ¿Qué soy ahora? Un cero. ¿Qué puedo ser mañana? ¡Mañana puedo resucitar de entre los muertos, comenzar una vida nueva! Puedo descubrir al hombre que hay en mí todavía en tanto que no esté hundido del todo.

    El jugador, Dostoyevski.

  24. #24
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    Recalculando...
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    @John D. Rico tenía un hilo así, creo.
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    DIDNEY WORLLLL

  25. #25
    La risa ella sola ha cavado más túneles últiles que todas las lágrimas de la tierra.
    Rayuela- Julio Cortázar
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  26. #26
    Tomemos en consideración a este camarero. Tiene gestos vivos y acentuados, tal vez excesivamente precisos, tal vez excesivamente rápidos, se llega hasta los consumidores con pasos puede que excesivamente vivos, se inclina con interés excesivamente premioso; su voz, sus ojos expresan un interés en exceso cargado de solicitud por los deseos del cliente, y bueno, he aquí que vuelve, tratando de imitar en su marcha el rigor inflexible de alguna clase de autómata, llevando su bandeja con cierta temeridad de funámbulo, colocándola en un equilibrio siempre inestable y quebrado, que restablece perpetuamente con un ligero movimiento del brazo y la mano. Toda su conducta nos parece un juego. Se aplica a encadenar movimientos como si fueran mecanismos que se exigen unos a los otros, hasta su mímica y su voz parecen mecanismos; se regala la prontitud y rapidez despiadada de las cosas. Juega, se divierte, ¿pero a qué está jugando? No hay que mirar mucho rato para darse cuenta: juega a ser camarero.
    El Ser y la Nada- Jean Paul Sartre
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  27. #27
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    —Tengo la ventaja de conocer sus costumbres mi querido Watson —dijo—. Cuando su ronda es breve va usted a pie, y cuando es larga toma un coche de alquiler. Ya que percibo que sus botas, aunque usadas, no tienen nada de sucias, no me cabe duda de que últimamente su trabajo ha justificado tomar el coche.—¡Excelente! — exclamé.— Elemental —dijo él—. Es uno de aquellos casos en los que quien razona puede producir un efecto que le parece notable a su interlocutor, porque a éste se le ha escapado el pequeño detalle que es la base de la deducción.

    Alguno de Sherlock Holmes no se cual
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    La esperanza es el primer paso hacia la decepción.

  28. #28
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    Cuando eliminas toda solución lógica a un problema, lo ilógico, aunque imposible, es invariablemente lo cierto.
    La esperanza es el primer paso hacia la decepción.

  29. #29
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    Watson, déjeme pensar un momento solo con mi pipa y mi Stradivarius.
    La esperanza es el primer paso hacia la decepción.

  30. #30
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    Es de primordial importancia no dejar que nuestro razonamiento resulte influido por las cualidades personales. Para mí, el cliente es una simple unidad, un factor del problema. Los factores personales son antagónicos del razonar sereno. Le aseguro que la mujer más encantadora que yo conocí fue ahorcada por haber envenenado a tres niños pequeños para cobrar el dinero del seguro; en cambio, el hombre físicamente más repugnante de todos mis conocidos es un filántropo que lleva gastado casi un cuarto de millón de libras en los pobres de Londres.
    La esperanza es el primer paso hacia la decepción.

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